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jueves, 14 de julio de 2011

G.C.U. en C.A.B.A.

Maria del Pilar, “Pili” para los amigos, caminaba por Plaza Belgrano junto a su hijo Juan Martín de 6 añitos, quien un rato antes había sido atendido en la Clínica Privada Sagrada Familia por un pequeño golpe en la frente sufrido en el Colegio Belgrano Day School durante el recreo. Mientras pasaban por la esquina de Juramento y Vuelta de Obligado, desde una colorida mesa, con tonos circenses le acercaron un globo amarillo a Juan Martín, quien contento lo recibió como premio por haber tenido que esperar 10 minutos en la guardia de la Clínica...
En ese mismo momento, en del Barco Centenera y Cruz, Valeria llevaba en brazos a su hijo Matías hacia el “Centro de Salud” de Villa Lugano ya que se había caído al tropezar con una baldosa suelta en la vereda del CGP 5, donde había concurrido al Patrocinio Jurídico Gratuito de la UBA ya que los abogados del Gobierno de la Ciudad no estaban en sus guardias de los martes por la mañana. Lamentablemente al llegar al supuesto Centro de Salud, le dieron la mala noticia de que allí no había guardias, y debía concurrir al Santojanni... Y ni les cuento de
Maria, Cacho y las bochas....
El domingo pasado dos realidades chocaron en los comicios de la Ciudad de Buenos Aires, pero en el juego de la democracia esas realidades deben cuantificarse en votos dando por resultado un ganador. En este caso, Mauricio Macri se alzó con el 47% de los votos, o como diría Lilita Carrió más de la mitad de los porteños le dijeron NO, pero no es bueno caer en tal mediocridad (salvo que digamos que viene de una persona a la cual el 97% de los porteños le dieron la espalda) De cualquier manera, cuando uno obtiene el apoyo popular debe saber que gobierna para todo el conjunto de la sociedad, y no mirar solo al Norte.
Sin dudas en una elección municipal, un partido vecinal como el PRO tiene más chances de triunfar en una Ciudad donde la lavada de cara prima sobre las políticas estructurales que benefician a toda la población. Es que el pavimentado anual de Av. Cabildo, o los nuevos canteros color amarillo, o el Metrobus, es decir, los carriles exclusivos por el medio de una avenida, hacen sentir a algunos porteños que viven en otra ciudad. Porque siempre queremos estar en otro lado menos acá. Preferimos estar en Paris, en Londres o en Nueva York, y nos encanta el “aire europeo” de Buenos Aires, incluso el PRO tomó su nueva campaña de Portugal, aunque hoy en día Mauricio diría que le “hizo un homenaje” a ese país, el mismo homenaje que le haría si fuese Presidente, con una política de ajuste neoliberal “European style”.




Es que no podemos culpar a tres de cada cuatro porteños por no interesarles la política* ni podemos creer que con tres banderas per capita podemos pensar que contamos con el apoyo popular. Algunos reparten globos y otros flamean banderas y reparten panfletos, entre ambos estilos la gente prefirió tener la calle asfaltada y una policía de cotillón pero con bonitos disfraces inspirados en las fuerzas de seguridad europeas. “Para comprender al pueblo hay que salir del pueblo” pero nunca cuestionar el voto del pueblo.
Mauricio salió del pueblo, esa G.C.U. (gente como uno) que vota en Buenos Aires, ese conjunto de personas que gracias a su prepaga no conoce hospitales públicos, gracias a la pujante economía nacional tienen empresas y negocios cada día mas rentables y con suerte jamás sufrirán la falta de gas (eso es para los locos del Borda) ni verán los techos caerse de las escuelas públicas. Y acaso si durante cuatro años Macri logró esconder toda esa miseria, ¿Cómo no darle un voto de confianza para que lo siga haciendo cuatro años más?




No se puede construir de espaldas a la gente, ni mirando para un solo lado, el desafío de cara al futuro es fomentar la participación de los vecinos para que la militancia no sea una palabra cool ni Trending Topic en twitter, sino un ejercicio cotidiano del compromiso ciudadano de todos los habitantes de la Ciudad.






*Estudio realizado el 10/7/2011 por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

lunes, 9 de mayo de 2011

¡Es la Encuesta, estúpido! (Parte I)

Caer en la autoreferencia es de un mal gusto solamente comparable con los colores que eligió el PRO para “renovarse”. Por tal motivo, exonerado de culpa y cargo debo decir que un mes atrás en la “Unión Mediocrática” ya decía que desde la oposición la búsqueda de un solo candidato opositor no era mas que una excusa para que varios precandidatos se bajen de la carrera presidencial ya que carecían de apoyo popular.
A poco mas de treinta días en el tren por la carrera presidencial, más de uno se bajó cuando el guarda anunció “Próxima Estación Buenos Aires” para evitar descarrilar en un Octubre de horizonte oscuro. Primero fue el turno de Pino Solanas, quien conociendo sus limitaciones programáticas y representante, una vez más, del oportunismo de una izquierda porteña insípida que en la Argentina nunca se ocupó de construir propuestas serias, optó por la Ciudad de Buenos Aires donde no habría tanta “baja calidad de votos” como en Salta conforme sus propios dichos.
Después de Pino, llegó el turno de Mauricio, quien reprodujo en los colores del PRO su concepción circense de la política, y en un intento frustrado de fiesta popular (faltó lo popular y la fiesta) sólo se vieron caras sonrientes en los globos que marcaron el cotillon de la jornada, quizás el único acierto de Duran Barba.

En este escenario los grandes perdedores, mas allá de Mauricio y Pino, son los porteños, considerados ciudadanos de segunda para estos demócratas y víctimas de las encuestas. Es que, aquellos que viven en la Ciudad de Buenos Aires, deben tener en claro que El PRO y Proyecto Sur nacieron de una falacia nominativa, carecen de propuestas y de proyectos, ambos amparados en dos figurines que en el imaginario colectivo han sabido ser Diputados, candidatos a Jefe de Gobierno y cuanta otra oferta electoral haga falta cubrir en construcciones políticas tan ineficaces como personalistas. Total en la Encuestocracia se siguen midiendo personas y no ideas. Continuará...